Interino por error: Quiero que a mi hijo le dé clase un profesor que sea funcionario

Origen: Interino por error: Quiero que a mi hijo le dé clase un profesor que sea funcionario

Hace mucho que no publicaba. Sobrecargas laborales. Hoy publico aquí la contestación en Menéame al artículo de un usuario con ideología de venta fácil que ha llegado a portada. Hay que leerlo primero. Lo siento, sé que es estomagante.

Mi respuesta:

Hola, llevo doce años enganchado a Menéame y me acabo de dar de alta como usuario. Esto hay que agradecérselo al autor de este artículo prototipo de confusión interesada. No he podido contestar antes, estaba trabajando. Dice el autor conocer la pública y no la concertada. Ahí reconozco que le llevo siglos de ventaja. Conozco ambos sistemas a fondo. Como alumno, como profesor y como familiar y/o amigo cercano de profesores en ambos sistemas.

Antes de nada, y sólo por contextualizar, me voy a permitir un ataque ad hominem. El autor se presenta como Feindesland, con un logo con ciervo y crucifijo. Recomiendo buscar este término (Feindesland) en Internet. También recomiendo la búsqueda por imagen de su logo y entender la simbología que representa. Me resulta chocante que ésto haya llegado a portada. Algo está cambiando (para mal) en Menéame.

Y ahora al contenido y los “argumentos”: Dice nuestro amigo que lo público no tiene un problema de presupuesto. FALSO. La enseñanza es cara de mantener y más en estos tiempos en que la tecnología es clave. El presupuesto bate récords de mínimos históricos. No hay más que buscar la evolución de ese presupuesto en Google. Me resulta indignante como sufridor de la falta de medios escuchar semejante patochada. Bajo la reducción del presupuesto se ocultan el aumento de alumnado por clase, llamada ratio (y por tanto el despido de profesores) y también la sobrecarga de horas a profesores (más despidos). La ratio es clave en la calidad de la enseñanza. Dirán los cuñados que antes había cuarenta alumnos en clase y no pasaba nada. FALSO. Sí pasaba. La calidad de la enseñanza de entonces era lamentabilísima. El bullying era el pan nuestro de cada día y era invisible, lo que lo hacía más grave. No había extraescolares, laboratorios ni talleres prácticos. Los profesores pegaban a los alumnos. A veces auténticas palizas. Un profesor mío me relataba una vez, como en un colegio religioso internado, un profesor (sacerdote) propinó una paliza a un alumno previamente atado a una cama. Yo he presenciado todo tipo de bofetones, reglazos y he sabido de palizas a puerta cerrada a compañeros de mi misma clase. Mi jefe de estudios, un religioso, acostumbraba a estrujar la mano de los niños hasta que lloraban de dolor. Y a meterles la mano por debajo de la camisa. Ésto era la norma. Las clases, salvo excepciones honrosas, un coñazo memorístico-repetitivo. Cualquier análisis comparativo es demoledor. La experiencia de mis amigos en otros colegios es similar.

“La relación entre resultados y presupuesto invertido no es relevante a partir de un nivel mínimo” dice el autor. Supongo que lo saca de un sesudo estudio que no enlaza. Hay que tener la cara muy dura. Me enerva esta frase. Se contesta sola. Siguiente párrafo: medición de resultados y evaluaciones externas “muy necesarias”. El catecismo neocon. Nunca, repito, nunca, se ha evaluado tantísimo la labor docente (sector público, ojo) desde dentro y desde fuera. Y nunca ha generado tanta burocracia innecesaria y que nos aparta constantemente de la tarea importante. Este asunto de las evaluaciones externas sí que es cuestión de ideólogos con ganas de “experimentos sociales”. Es posible que si digo que la programación, evaluación y seguimiento de resultados me lleva unos treinta o cincuenta folios de papel por asignatura (imparto cinco diferentes, pero hay gente que da más) parezca una exageración: programar al inicio de curso detallando cuál es el currículo completo, explicar cómo voy a transmitirlo (cada concepto), indicar qué medios utilizaré (cada tema), cómo voy a puntuar, cómo calculo las medias, si las pondero o no, cuántas evaluaciones hay y cuántas recuperaciones y cómo y cuándo las haré y cómo evaluaré y haré seguimiento de lo que voy hacer. Luego hacer ese seguimiento trimestral al menos y reflejarlo en otro documento explicando qué porcentaje de cada tema he dado, estadísticas de resultados y desviación sobre lo programado. Justificar los porqués. Y a final de curso hacer una memoria explicando en detalle cómo me ha ido y si cambiaría algo. Todo muy detalladito, ojo, con indicadores de logro. La documentación se envía a la dirección del centro y a la inspección educativa ¿Es necesario más evaluaciones?¿No se buscarán realmente otros objetivos con ellas?¿Qué capacidad de evaluar tiene un único examen?¿En qué queda la evaluación continua?Si son la panecea ¿A qué tanta burocracia? ¿Quién hace esas pruebas y qué capacidades pedagógicas demostrables tienen ?

Siguiente tópico: el desprecio por el funcionario. No estamos motivados ni tenemos interés en modernizarnos. Aquí directamente echo espuma por la boca. Yo he trabajado quince años en el sector privado profesional de la informática antes de opositar. Y debo decir que lo que nunca hice en ese sector, o sea: trabajar fines de semana, horas extras impagadas, trabajo en vacaciones, lo estoy haciendo ahora. Mi jornada reconocida es de 37,5 horas semanales. Pero calculo que solo entre semana hago sesenta. Descanso (relativamente) el sábado y éste domingo, por ejemplo ha sido íntegro para el trabajo. En el registro de cursos de la CM tengo cursados unos veinte cursos de 30-60 horas en diez años. Nos lo exigen, pero es que nos hace falta Y NOS GUSTA. Se otorgan puntos por formación, necesarios para poder pedir, por ejemplo, un traslado de centro, que se concede por baremo de antigüedad y formación. También son necesarios para cobrar el complemento de antigüedad llamado “sexenios”. Y los máster y segundas carreras van aparte y se hacen también. Formación en idiomas, por supuesto. Ser funcionario implica haber superado duras pruebas y presentar unos méritos objetivamente mejores que los demás. Esto hay que exportarlo a todos los curros. No al revés. Ojalá se contratara siempre en base a méritos y exámenes objetivos. Mejorables, por supuesto que sí.

Dice nuestro autor (al que cada vez voy cogiendo más cariño) que la estabilidad es mala. O sea que la precariedad debe ser lo más. Punto para la ideología neocon y agradecimientos al PP que ha procurado mucho por ésto. Tengo que comunicarle al autor que el Estatuto Básico del Empleado Público contempla las sanciones por faltas leves, graves y muy graves, siendo la separación del servicio (despido) una sanción nada imposible de ejecutar. Y ahí hay que preguntar a los inspectores si trabajan en ésto de controlar al profesorado díscolo o si en realidad están de comisarios políticos en su puesto dedicados a hacer de mosca cojonera burocrática o para de verdad hacer que la maquinaria educativa funcione. No hay nada que me moleste más que un compañero de trabajo que no cumple. Que lo echen por favor. La ley lo contempla. Tengo que decir que, en todos los puestos en que he trabajado (privados y públicos) fuera de la enseñanza, en TODOS, hay chupópteros, pero entre el profesorado es donde menos porcentaje he visto. Eso sí, se nota más y con que haya uno, ya llama la atención y tiene todos los focos, con razón. ¿Y la inspección? En esas otras tareas. ¿Por qué? Lo desconozco, pero me lo imagino.

Dice mi denostado autor que la concertada como se arregla es con pruebas externas. Escúchame: la concertada tiene más problemillas: contrata profesorado por una miseria, le carga de horas (más que las que hago yo), le despide si se sindica o protesta, anula su libertad de cátedra, le pone a dar clases de asignaturas que no son de su especialidad, rechaza con trucos al alumnado que no le gusta, impone un impuesto revolucionario ilegal a los padres, tiene tantos alumnos por aula (o más) que la pública, porque es dinero, claro, adoctrina, es anti ciencia o sea, anti conocimiento, te dice lo que es bueno y lo que es malo, lo que debes pensar y cómo debes vivir y hasta cómo y con quién debes follar, no te inculca un espíritu crítico, que ellos ya piensan por ti. Además cuando hay un problema, no lo afronta, lo entierra y oculta porque no quiere mala publicidad: abusos sexuales o bullying. Tiene una cosa buena: hace folletos publicitarios y pinta las paredes y las pistas casi cada año. La concertada se cura convirtiendo los colegios concertados en públicos. Nada más y nada menos.

Feindesland, no tienes ni puta idea. Antes de escribir sobre algo, infórmate. O mejor: vívelo.

Origen: Interino por error: Quiero que a mi hijo le dé clase un profesor que sea funcionario

Deja un comentario